Lo
siguiente es una introducción (o más bien un prólogo) ke envié junto con tres
poemas y una serie de relatos en cuatro partes a una revista mexicana de
literatura independiente y dos e-zines de poesía (totalmente independients, autónomos
y anarquistas) de españa.
Esto
fue escrito en septiembre del 2004 y enviado en octubre de ese mismo año
Si, realmente me enerva que la materia siga su curso natural...
Y así, enfermamente con ella, la vida misma.
Soy yo tan capaz como para cambiar mi curso?? No, pero le voy a dar un bonito camino con velas y adoquines y quizá al final, una valerosa y gloriosa muerte en acción adornada con incienso y sexo, armas calientes, autos chocones...
A quién le importa cómo se muere? Eso puede esperar, la puta de las realidades es cuándo y a veces, casi nunca, es dónde... Así que así mismo no importa un carajo el cómo –Me desvié del tema original, como siempre me pasa-.
Tendría que hacerme estudiar a ver si tengo dislexia o algo así...
Por qué vas a desperdiciar tu enferma e inútil existencia –o seudoexistencia- en ver cómo se te pasa? No es mejor jugar –o más bien, tratar de jugar- en contra de estos jodidos números del destino? Digo, a ver cómo cambia el curso de tu vida inútil y asquerosa por algo, por lo menos, más emocionante.
Podés amanecer entre flores negras o entre basura, entre tu propia basura y preguntarte “qué hago acá? Y yo quién soy??” o quizás surgiste de entre la ropa interior de una adolescente en celo que no conoces y te preguntás “Es posible que halla tomado tantos valiums con mi whisky??
Tan exótico como alguien contándote de qué color son las bombachas de tu hermana, y vos escuchando con atención como si fuese de tu atracción o interés...
Qué? Acaso hay cosas más divertidas en las cuales derrochar tu paso por este enfermo mundo??
Creo que los amaneceres en
vino en tu terraza o en la de una pensión fría y húmeda no hacen la diferencia
entre una vida de rutinas y oficinas, así con camisas blancas y corbatas
marrones, y una vida de oportunidades y extrañas ocasiones para dormir en el cuarto
de la hija de catorce años de la mujer policía que vive a tres calles de tu
casa... Así para que digas otra vez... “Puta-madre..! Por qué hice esto otra
vez?” Y tus pares digan “La ultima vez dijiste que era la ultima vez, yo no
noto ningún cambio...”.
Déjame vivir la vida a mi ritmo! Es más lento que el tuyo, nena, pero no por eso has de dejarme sólo y llorando por ti! Y si por las noches libres es mi vida más rápida que la tuya y no te doy respiro entre botella y beso, podrías subir la velocidad, nena?
Así es cómo se pasa la nebulosa oscura de tu mente: viajando, alejándote de tu vida anterior hasta que te diste cuenta que estás en un lugar donde tu cabeza vale más que una noche de sexo y heroína con la hija de tu patrón, y así, te vuelves; feliz, eufórico como un payasito que acaba de matar a un policía en medio de una avenida y las viejas de barrio te miran congeladas, quietas, obnubiladas, frígidas, y una extraña mujer te dice al llegar: “Hazte cargo de tu hijo que a mi ya no me alcanza!”, lo cual te sugiere un buen trago o un “Échate a volar, vieja loca!” o en el dialecto que mejor se te venga a la cabeza.
Si el camino es resbaladizo pasá gateando, pero no bajes la velocidad!
Así existe la decadencia, así porque existen los modelos de vida y los estereotipos.
Llegué a la conclusión de que para escapar de ellos hay que vivir solo, desnudo en un bosque, como un ermitaño, pero los ermitaños, como los bohemios o los cavernícolas, ya tienen nombre.
Esteban Porronett
10/09/04 X-XI-MMIV